viernes, 15 de abril de 2011

No renuncies a lo que un día fue tu sueño

No renuncies a lo que un día fue tu sueño

por Enrique Monterroza

Todos tenemos sueños grandes, pequeños, medianos, no importa la dimensión pero lo que si importa es que todos hemos tenido, tenemos y tendremos sueños que anhelamos cumplir.
Por ejemplo, recuerdo que en mis inicios como cristiano uno de mis sueños era predicar a los jóvenes, lo anhelaba tanto, veía como muchos lo hacían y yo le decía a Dios: “Permíteme el privilegio de poder hablar de de ti en un lenguaje popular y en donde toda la gente pueda comprender lo que quiero decir”. Era muy joven, tenía dieciséis años, tenías tantos sueños que cumplir.
A esa misma edad, meses después Dios cumplió uno de mis sueños, tuve a mi cargo un grupo de jóvenes con los que compartí momentos que marcaron mi vida y quedaron en mi memoria para siempre. Muchos jóvenes conocieron a Cristo, hicimos tantas cosas para el Señor e invertí gran parte de mi juventud en lo que siempre fue mi sueño.
Quizá tu sueño era un día estar cantando en tu congregación, quizá tocando un instrumento, a lo mejor enseñando a los niños en las aulas de la Iglesia, a lo mejor uno de tus anhelos era ser un servidor adentro de la Iglesia, predicar, evangelizar, dirigir un grupo, estar a cargo de algún Ministerio, no se cual era, pero llego un momento en el que Dios te lo otorgo.
Ese día en el que se te entrego ese privilegio seguramente fue un día especial para ti, uno de tus sueños se estaba cumpliendo. Estoy seguro que la primera vez que desempeñaste ese privilegio lo hiciste de una forma única, había en ti un enorme gozo por realizarlo y ver como tus sueños eran cumplidos, sin duda una de las experiencias más hermosas de tu vida cristiana.
Pero algo paso ahora, aquello que un día fue tu anhelo, tu sueño, ha sido amenazado quizá por comentarios negativos hacia ti, quizá por desplantes que te han hecho pensar en renunciar a aquello que en su día fue tu bendición. Quizá los problemas que en este momento estas experimentando te han hecho pensar en dejar de hacer aquello que tanto gozo te provocaba.
Estas en un momento crucial para tu vida, estas a punto de tomar una decisión en cuanto a tu servicio, una decisión que muy en lo profundo sabes que no es lo que quieres, porque fuiste llamado para eso, porque fuiste escogido para desarrollar tu talento en esa área, Dios así lo quiso y por eso te puso allí.
No renuncies a lo que fue tu sueño, no dejes escapar esta oportunidad que siempre esperaste, no hagas a un lado lo que en su momento fue tu gran anhelo, porque a ti quien te llamo fue el Señor, quien te puso en ese lugar fue El y el único que puede quitarte de allí, es el mismo Señor. No te dejes llevar por comentarios negativos, no te rindas, lucha por lo que anhelabas, luchar por tu sueño.
Hoy quiero motivarte a que sigas adelante en ese que era tu sueño, a que no te detengas ni retrocedas, si Dios te llamo, es Él quien te capacita y si El te capacita, entonces El también te ha de respaldar en esa tarea. Fuiste llamado para eso y tú lo sabes muy bien, siempre fue tu sueño, siempre quisiste hacer eso que estás haciendo, entonces ¿Por qué piensas en renunciar?, Esfuérzate y se muy Valiente.

¡No renuncies a lo que fue tu sueño!

“Pues ahora, Zorobabel, esfuérzate, dice Jehová; esfuérzate también, Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote; y cobrad ánimo, pueblo todo de la tierra, dice Jehová, y trabajad; porque yo estoy con vosotros, dice Jehová de los ejércitos”.

Hageo 2:4 (Reina-Valera 1960)

*** La Fe ***




“Lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios”
(Gálatas 2:20).
La fe me hace ver que Dios es mayor que mis pecados,
y no que mis pecados son mayores que Dios.

Vincule usted su servicio sólo a Dios y no a individuos particulares.
Puede ser alentado por medio de la comunión fraternal; su corazón
puede encontrar refrigerio; pero debe obrar por medio de su propia
fe y energía, sin apoyarse en los demás.
Pues, si obra de otra manera, no puede ser un siervo fiel.
El servicio siempre debe medirse por medio de la fe y de la comunión
personal con Dios.
A través de todos los siglos, se ha traído bendición a las almas
mediante la actividad individual, y, siempre que esta actividad
se ha perdido, el poder del testimonio ha declinado aquí en la tierra.
La tendencia a la asociación tiene como resultado que nos apoyemos
los unos en los otros.

La sencillez de una vida de fe posee un atractivo totalmente
desconocido para aquellos que jamás lo experimentaron.

No nos deshacemos de las dificultades que puedan presentarse en el camino
de la fe, buscando esquivarlas.
Debemos superarlas por el poder de Dios.
Una dificultad puede ser muy real, pero constituye un obstáculo
sólo para la incredulidad de nuestros corazones, si permanecemos en el
camino de la voluntad de Dios; porque la fe cuenta con Dios y para
Él no existen dificultades.

La experiencia debe fortalecer la fe; pero hace falta una fe viva para
echar mano de la experiencia.

Por medio de la fe, Dios es glorificado.

Satanás se alegra cuando logra apartarnos, por medio del temor,
del claro y sencillo camino de la fe.

La fe actúa a favor de Dios y lo revela en medio de las circunstancias,
en lugar de ser dominada por ellas. La superioridad de la fe sobre todo
lo que la rodea es evidente. ¡Qué consuelo poder dar testimonio en medio
de las contaminaciones de este pobre mundo!

Lo que caracteriza a la fe, es que ella cuenta con Dios, no solamente
a pesar de las dificultades, sino a pesar de las imposibilidades.

Nunca he visto que el Señor abandone a aquellos que se han consagrado
a su obra, confiando en Él.
En cambio, he comprobado que los obreros del Señor que, a causa de
sus mujeres o a causa del estado de sus propios corazones, han buscado
ocupaciones suplementarias para ayudar a sus mujeres y a sus familias,
cayeron en graves angustias morales y su eficacia en el testimonio
se ha visto gravemente impedida.

Una fe probada es una fe fortalecida. Por medio de las pruebas aprendemos
a conocer nuestras propias debilidades, pero también la fidelidad de Dios,
sus tiernos cuidados, incluso en las dificultades que nos envía,
para que podamos atravesarlas con Él.

Mis recursos pecuniarios pueden aminorar, pero todo está bien:
¡Para la fe todo va bien! “Dad gracias en todo” (1 Tesalonicenses 5:18).
Si “todo” viene de Dios, todo debe ser bueno.

En el cielo está Aquel que tiene el poder de cumplir todos Sus designios.
Si tenemos fe y andamos en su dependencia, experimentaremos la seguridad
de Su dirección.

Cuando un peligro nos amenaza, reaccionamos con prontitud para apoderarnos
de las riendas, pero el Señor sabe mejor que nosotros lo que se debe hacer:
A su debido tiempo, salvará a todo aquel que confía en Él.

Fuente J.N. Darby